Sábado, 18 de abril
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Monseñor Jorge Gottau, camino a los altares: clausuran etapa clave de su causa de beatificación

Monseñor Jorge Gottau, pionero en la acción social de la Iglesia en zonas vulnerables del país, está cada vez más cerca de la santidad. Este lunes se clausuró en la catedral metropolitana de Buenos Aires una etapa central de su causa de beatificación, un proceso que fue iniciado por el entonces arzobispo Jorge Bergoglio, hoy el papa Francisco.

La clausura de la fase diocesana marca el final de la investigación local sobre su vida, obra y virtudes heroicas. La documentación reunida —más de seis mil folios que incluyen testimonios, análisis históricos y documentos canónicos— fue sellada y será enviada al Vaticano para su evaluación por parte del Dicasterio para las Causas de los Santos. Con este paso, se abre la llamada “fase romana” del proceso.

Durante la ceremonia, presidida por el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, participaron autoridades eclesiásticas, representantes del gobierno y fieles. Estuvieron presentes el obispo de Añatuya, José Luis Corral; el secretario de Culto de la Nación, Nahuel Sotelo; el gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, y el rector de la Universidad Católica de esa provincia, Luis Lucena.

Gottau es oficialmente reconocido como “siervo de Dios”, primer título otorgado por la Iglesia a quienes inician el camino hacia los altares. El siguiente paso será su declaración como “venerable”, y, si se comprueban milagros atribuidos a su intercesión, podría ser beatificado y luego canonizado.

Un pastor con los pies en la tierra

Nacido en 1917 en Esteban Agustín Gascón, provincia de Buenos Aires, Jorge Gottau provenía de una familia de inmigrantes alemanes del Volga. A los 11 años ingresó al seminario redentorista y fue ordenado sacerdote en 1942. En 1961, el papa Juan XXIII lo nombró primer obispo de la nueva diócesis de Añatuya, en el corazón del árido monte santiagueño.

Encontró una región golpeada por la pobreza extrema, el analfabetismo, el mal de Chagas y la falta de infraestructura básica. Su respuesta fue integral: impulsó un modelo de evangelización que unía la fe con la promoción humana. Construyó escuelas, centros de salud, viviendas dignas y cooperativas agrícolas. Combatió la desnutrición infantil —incluso innovando con barritas de cereal— y organizó campañas contra la vinchuca. Su espíritu mariano y eucarístico lo sostuvo en cada rincón de su extensa labor pastoral.

Lejos del despacho episcopal, recorría comunidades en mula o en camioneta. Su cercanía con la gente y su capacidad de articular redes de solidaridad con Europa y otros países, le permitieron transformar una diócesis olvidada en un modelo de desarrollo con arraigo local.

En 1970 lanzó la Colecta Nacional “Más por Menos”, aún vigente, destinada a ayudar a las diócesis más necesitadas del país. Tras 31 años como obispo de Añatuya, renunció en 1992 al cumplir 75 años. Falleció en Buenos Aires en 1994.

El reconocimiento de Francisco y una pasión futbolera

El papa Francisco —quien como arzobispo de Buenos Aires dio impulso a la causa de beatificación— siempre valoró profundamente la figura de Gottau. En una carta escrita tras su fallecimiento, Bergoglio lo describió como “un roble” que miraba “más allá del horizonte” y como un hombre de Iglesia “sin partidismos ni fisuras, como Cristo lo quiso”.

Ya como pontífice, Francisco envió un mensaje especial para el 60.º aniversario de la diócesis de Añatuya, donde lo llamó “un gran misionero que levantó la diócesis y la llevó adelante”.

Fuera del ámbito religioso, Gottau también era conocido por su pasión por River Plate. En su juventud, incluso fue expulsado brevemente del seminario por asistir a un partido sin permiso. Más tarde, como obispo, organizó la visita de jugadores del club a un polideportivo que él mismo había inaugurado en Añatuya.

Un legado vivo

Monseñor Jorge Gottau no solo predicó: actuó. En una de las regiones más olvidadas de la Argentina, dejó una huella indeleble. Como símbolo de su legado, hace pocas semanas se inauguró una butaca con su nombre en el Teatro Coliseo de Buenos Aires.

Hoy, su obra continúa inspirando a fieles, laicos y religiosos. Y su camino hacia la santidad, más que un destino personal, es el reconocimiento a una vida al servicio del prójimo.

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