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MarÃa Luss Salatino, la Santiagueña que cumple su sueño en la Antártida Argentina
Hace 190 días que vive sobre la mayor reserva de agua dulce de la Tierra y no hay momento en el que Luss Salatino deje de repetir lo fascinante que es habitar ese suelo. Frío, inhóspito, a veces inhumano, pero increíblemente maravilloso: un continente aislado, rodeado de tanta agua y tanta vida, con paisajes majestuosos y de inframundo.
Como bióloga marina, le queda un largo tramo en la Antártida, como habitante de la base científica nacional Carlini. Llegó el 28 de diciembre y estará hasta febrero de 2025. En esos trece meses, su misión como invernante científica técnica -junto a una colega bióloga de Neuquén- es realizar trabajo de campo y tareas para contribuir a diferentes investigaciones que permiten el avance científico.
Como egresada de la Escuela Superior de Ciencias Marinas (Escimar) de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) en San Antonio Oeste, es la primera en vivir una experiencia profesional en el frío continente. Hace pocos días, Luss brindó una charla virtual por el Día de los Océanos, en remoto desde la base, dirigida a los estudiantes de la universidad.
Ella nació en Santiago de Estero, donde vivió hasta terminar el secundario. “Siempre me gustó la naturaleza, los animales, estar con animales”, contó y así inició su proceso para decidir qué quería para su futuro. Llegó a la biología marina sin conocer el mar, pero sentía que la atrapaba. La carrera de Licenciatura en Biología Marina estaba en Río Negro, muy lejos de su casa y a pesar del enorme sacrificio, decidió embarcarse en la aventura sureña a los 17 años.
“Por suerte siempre tuve el apoyo de mi familia, que sin ellos nada hubiera sido posible, desde el día uno, me bancaron en todo y me apoyaron todos los años universitarios”, contó. Con el sostén fundamental de su abuela, logró vencer las distancias hasta que llegó a la recta final, con la tesis y así logró recibirse.
“Mientras estaba con mi tesis de grado y proyectando más o menos en qué fecha recibirme, me postulé por segunda vez para venir a la Antártida”, contó. Llegó seleccionada por el Instituto Antártico Argentino (IAA) que anualmente busca biólogos, estudiantes avanzados o licenciados. La primera vez que se inscribió no le había ido tan bien, pero en 2023 quedó preseleccionada y pasó a una instancia formal.
“Tenía mi cabeza dividida en terminar la tesis y defenderla; y a la vez hacerme los estudios y la preparación que implica venir a Antártida”, recordó sobre el final del año pasado. Así fue como Luss, en un abrir y cerrar de ojos logró todo lo que había soñado en cuestión de días: defender su tesis un 14 de diciembre y el 27 de diciembre estar abordando el avión para llegar a la Antártida.
La travesía empezó en la Brigada Aérea «El Palomar», provincia de Buenos Aires el 27 de diciembre. Partió en el avión militar “Hércules” hacia Río Gallegos, Santa Cruz, donde hizo noche. En el mismo aeroplano cruzó a la Antártida y aterrizó en la base Aérea Antártica de Chile Eduardo Frei. El último trayecto, a la base Carlini fue en barco y botes.
Están a 3.100 kilómetros de Buenos Aires, pero expuestas a temperaturas extremas de hasta -18 grados centígrados. La sensación térmica es de 30 bajo cero. Tienen pocas horas de luz y el viento es un factor determinante. Cambian radicalmente las dietas ya que no hay frutas ni verduras frescas: consumen enlatados, conservas o carnes congeladas. Todos sus movimientos están monitoreados las 24 horas.
“Lo que hacemos acá en la base es realizar toma de muestras y su procesamiento, luego tenemos una etapa de laboratorio. Recolectamos todos esos datos y los enviamos a los responsables de cada proyecto”, resumió Luss. Toman muestras para analizar diferentes componentes, variables físico-químicas, fitoplancton, zooplancton, ascensos costeros de mamíferos marinos como focas, lobos y elefantes.
En laboratorio, procesan muestras recolectadas y las almacenan para luego ser enviadas al continente en el verano, donde recién pueden ser sometidas a una evaluación completa. Mes a mes envían datos. Las tareas de campo incluyen navegaciones y caminatas de varios kilómetros para hacer censos de aves y mamíferos marinos.
La base Carlini es la principal base nacional y se la considera un “laboratorio natural”. Está localizada en la isla 25 de Mayo, en el archipiélago de las Islas Shetland del Sur. Ahí hay investigación científica permanente. Argentina tiene una larga historia de presencia en la Antártida, con 13 bases permanentes y temporales, lo que solo es posible si hay presencia humana de investigadores y científicos dispuestos a enfrentar las difíciles condiciones de vida. «Estar acá es afirmar nuestra soberanía en este territorio. La ciencia es soberanía y sin ella no hay futuro”, cerró.
*Por Florencia Bark










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