Miércoles, 15 de abril
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Falleció Carlos Octavio Capdevila: El "partero torturador" santiagueño de la ESMA

Nacido en Santiago del Estero en junio de 1946, Capdevila fue uno de los dos médicos que actuaron como parteros en la maternidad clandestina que funcionó en el centro de detención de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), donde también se desempeñó como secuestrador y torturador.

Capdevila, un médico enrolado en la Marina, fue ubicado por testigos en la ESMA al menos entre 1979 y 1981, aunque se presume su presencia desde antes, proveniente del Arsenal Azopardo. Su último destino militar antes del fin de la dictadura fue el Hospital Naval de Ushuaia.

Su oscuro accionar no solo se dirigió contra los detenidos, sino también contra sus propios camaradas, cuyas listas entregó al Poder Judicial en el marco de los juicios por crímenes de lesa humanidad. En un intento de defensa, llegó a presentar una demanda contra la Armada Argentina por una supuesta "neurosis de guerra", donde impactó con su declaración: "Los sentimientos o conceptos de moral y legal se habían borrado en mí, por así decirlo".

Confesiones y participación en torturas

En enero de 1993, durante su demanda a la Armada, Capdevila afirmó: "Fui asignado por orden del señor director de dicha Escuela a una Unidad de Tarea cuya misión era desarrollar operaciones contra la subversión. El marco en que se desarrolló mi actividad y el tipo de tareas que debí cumplir hicieron que permanentemente me encontrase en la disyuntiva de cumplir con mi juramento hipocrático como profesional médico y mi carácter de militar; opté por cumplir con las exigencias que el servicio militar me imponía y en medio de una gran presión psíquica".

Además, confesó haber participado en "diversos operativos para detener subversivos y en actividades de inteligencia contrasubversiva". También detalló que en los años 1980 y 1981, además de sus misiones habituales, se hizo cargo de las comunicaciones de la Unidad, lo que incluía "escuchas telefónicas".

Con el retorno de la democracia, Capdevila cobró notoriedad pública gracias a las fotografías y el testimonio del sobreviviente de la ESMA, Víctor Basterra, aportados para la causa ESMA Unificada de 2017. Basterra lo identificó no solo como uno de sus captores y jefe de operativos, sino también como uno de los médicos que lo revivió tras un paro cardíaco provocado por las torturas. Otros testimonios lo ubicaron participando directamente en las sesiones de torturas aplicadas a otros detenidos.

A partir de 2007, Capdevila también aportó información crucial sobre oficiales superiores de la Armada que actuaron en la ESMA entre 1979 y 1981, así como detalles de militares condecorados por el entonces almirante Emilio Eduardo Massera y pruebas sobre más de 1.200 marinos vinculados a las actividades en el centro clandestino.

Condenas por apropiación de bebés y crímenes de lesa humanidad

Capdevila estuvo involucrado en al menos tres partos clandestinos: el de María del Carmen Poblete, el de Susana Pegoraro y el de Silvia Dameri.

Por su participación en estos hechos aberrantes, el médico torturador recibió tres condenas, que luego fueron unificadas:

  • En 2015, fue sentenciado a 10 años de prisión por la sustracción de la hija de Silvia Dameri y Orlando Ruiz, quien fue apropiada por el prefecto Juan Antonio Azic, también integrante del grupo de tareas de la ESMA y apropiador de Victoria Donda Pérez.
  • En 2011, recibió una pena de 20 años en el segundo juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en la ESMA.
  • En 2017, fue condenado a 15 años en la megacausa ESMA Unificada.

Fuentes judiciales informaron a Página/12 que el lunes 28 de julio, el Tribunal Oral Federal Nº5 fue notificado del fallecimiento de Capdevila. La unidad fiscal, a cargo de Félix Crous, solicitará medidas excepcionales para comprobar la muerte, dadas las características del condenado y la relevancia de las causas en las que estuvo involucrado.

El horror de la maternidad clandestina

Según los escalofriantes testimonios de sobrevivientes, las mujeres embarazadas eran mantenidas encerradas y aisladas en una habitación a la espera del parto. Se les prometía que sus hijos serían entregados a sus familias para ser criados hasta que ellas recuperaran la libertad. Incluso se las animaba a escribir cartas, elegir nombres y, en algunos casos, preparar ajuares para los bebés. Sin embargo, pocos días después del alumbramiento, tanto las madres como sus hijos desaparecían.

La mayoría de estos partos eran atendidos por el médico ginecólogo del Hospital Naval, Jorge Luis Magnacco, casi siempre con la colaboración de Carlos Octavio Capdevila, consolidando su rol en uno de los capítulos más oscuros de la represión ilegal en Argentina.

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