Viernes, 01 de mayo
Nuestras Historias

Día de la Virgen de Luján: fe, historia y un lazo profundo con Santiago del Estero

Hoy, 8 de mayo, se celebra en todo el país el Día de Nuestra Señora de Luján, una de las advocaciones más queridas por el pueblo argentino. Reconocida como la Patrona de la República Argentina y de la Gendarmería Nacional, su figura reúne cada año a miles de fieles que la veneran con oraciones, misas y peregrinaciones. Pero más allá de su presencia en la Basílica de Luján, pocos recuerdan que su historia comenzó en Santiago del Estero, hace casi cuatro siglos.

La devoción a la Virgen de Luján se remonta a 1628, cuando Antonio Farías Sáa, un ciudadano portugués radicado en Santiago del Estero, decidió encargar una imagen de la Virgen María para su hacienda. Desde Brasil llegaron dos pequeñas esculturas de la Inmaculada Concepción, de 38 centímetros de altura, elaboradas en terracota. Aquellas figuras fueron enviadas rumbo a Sumampa, también en territorio santiagueño.

Sin embargo, el viaje cambió el rumbo de la historia cuando, al pasar por la zona de Zelaya, en la provincia de Buenos Aires, una de las carretas que transportaba la imagen se detuvo inexplicablemente. A pesar de los intentos de reanudar la marcha, el vehículo no se movía. Solo cuando retiraron la caja que contenía una de las imágenes, la carreta volvió a avanzar. Los presentes interpretaron el hecho como una señal divina: la Virgen quería quedarse allí, junto al río Luján.

Fue así como esa pequeña imagen encontró su lugar definitivo en la provincia de Buenos Aires, donde más tarde se construiría la actual Basílica de Luján, visitada por millones de devotos. No obstante, el origen de esta historia está íntimamente ligado a Santiago del Estero, no solo por la figura de Farías Sáa, sino también por Sumampa, donde fue entronizada la otra imagen mariana, conocida hoy como Nuestra Señora de la Consolación de Sumampa, también venerada y con su propio santuario.

Este 8 de mayo, además de las celebraciones litúrgicas en Luján, muchas comunidades del interior, especialmente en Santiago del Estero, renuevan su fe en la Virgen, recordando que fue desde allí que partió el deseo de traer su imagen al país. Una fe que, siglos después, sigue uniendo generaciones a través de la devoción, la historia compartida y el arraigo espiritual.

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