Miércoles, 06 de mayo
El Campo

Raíces de la Tierra: La Agricultura Familiar crece en Caspi Corral, Santiago del Estero

En la comunidad de Caspi Corral, Departamento Figueroa, los productores siguen apostando a cultivos tradicionales como la sandía, el zapallo, el melón y la alfalfa, enfrentando los desafíos del clima y la economía con organización y solidaridad.

Juan Carlos Luna, uno de los productores que trabaja en comunidad junto al Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE), relata con orgullo la forma en que han logrado sostener su producción a pesar de las dificultades. “Nuestra comunidad trabaja de manera organizada. Formo parte del MOCASE y aquí sembramos alfalfa, hacemos fardos y cultivamos sandía, zapallo, calabaza y melón”, explica.

El acceso al riego ha sido clave para mantener la producción durante todo el año. La alfalfa, por ejemplo, se cultiva de manera continua y se transforma en fardos, mientras que los demás productos siguen un calendario agrícola preciso. “La siembra de sandía, melón y calabaza la hacemos en los primeros días de octubre. Su proceso dura entre 90 y 100 días antes de que podamos levantar la cosecha”, detalla Luna. En la comunidad, unas 25 familias integran el MOCASE, pero el trabajo se ha ido orientando más a la producción individual dentro de cada núcleo familiar.

El comercio de la alfalfa es un reflejo de las fluctuaciones del mercado. “Durante el año vendemos los fardos, pero la venta se detiene mucho entre noviembre y marzo, porque el precio baja demasiado. Entonces tratamos de guardar lo que podemos y algunos compañeros aprovechan ese tiempo para producir semilla de alfalfa, lo que también lleva 90 días hasta la cosecha”, explica el productor. Así, la economía local se va moldeando entre tiempos de bonanza y momentos de incertidumbre, en un ciclo que depende tanto del esfuerzo humano como de las condiciones del mercado.

A pesar de las dificultades, los avances en comunicación han sido un gran aliado para los productores. “A través del MOCASE vamos conociendo compañeros de otros departamentos y, gracias al WhatsApp, hemos conseguido más contactos para vender nuestra producción”, señala Luna. Sin embargo, el acceso a maquinaria sigue siendo un desafío. “Lo que no mejora es la parte de la maquinaria para cultivar. A veces se nos hace difícil la siembra por la falta de herramientas adecuadas”, lamenta.

En Caspi Corral, la tierra sigue dando frutos gracias a la perseverancia de sus agricultores. Con manos curtidas por el sol y el viento, cada cosecha es un testimonio de resistencia, una muestra de que la agricultura familiar no solo alimenta los mercados, sino también fortalece la identidad y la esperanza de las comunidades rurales.

*Redacción www.385.com.ar

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