Historia de vida desde Santiago del Estero a Buenos Aires: una mujer de 106 años revela su secreto y emociona a todos
Una historia de resiliencia, memoria y alegría de vivir trascendió las fronteras del partido bonaerense de Hurlingham, donde fue declarada la persona más longeva, para reencontrarse con sus profundas raíces en el norte argentino. Se trata de Cornelia de Jesús García de Villalba, cariñosamente conocida como la abuela Cuñi, quien a sus 106 años conserva intactas la picardía, las ganas de conversar y una vitalidad que sorprende a propios y extraños.
La protagonista de esta historia nació en Llajta Mauca, una pequeña localidad rural y antigua estación ferroviaria situada en territorio santiagueño, donde transcurrió sus primeros años rodeada por los paisajes del monte y la cultura de la provincia. Con apenas 22 años, tomó la decisión de emprender un viaje sola hacia Buenos Aires para buscar nuevos horizontes laborales. En sus primeros tiempos en la gran ciudad se desempeñó como cocinera y empleada doméstica, para luego destacarse como una talentosa modista y costurera, cuyo prestigio se expandió rápidamente de boca en boca en su barrio.
A lo largo de más de un siglo de vida, formó una numerosa familia junto a sus tres hijos, once nietos y diez bisnietos, a quienes considera su mayor riqueza y motivo de orgullo. Su espíritu festivo y su pasión por la música la llevaron a protagonizar momentos inolvidables, como cuando bailó por los pasillos del Luna Park hasta llegar al pie del escenario durante un recital del grupo de cumbia santafesino Los Palmeras, demostrando que para ella la edad nunca fue un impedimento para disfrutar del tango y la celebración.
Consultada en reiteradas oportunidades sobre cuál es la fórmula para alcanzar semejante longevidad con semejante estado de salud, Cuñi suele responder con una sonrisa y una cuota de humor infaltable: una cervecita. Más allá de la anécdota simpática, su entorno familiar destaca su carácter alegre, su solidaridad constante con los vecinos y una filosofía de vida basada en el trabajo, el esfuerzo y la unión familiar por sobre todas las cosas.
Hoy, convertida en un símbolo viviente de historia y memoria colectiva, la abuela santiagueña continúa disfrutando de sus pasiones cotidianas: lee las noticias, sigue de cerca el boxeo, conversa sobre su infancia junto a las vías del ferrocarril en el norte argentino y demuestra que los años son tan solo un número cuando se vive con el corazón abierto.
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