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​SACHA POZO, Banda. Con más de un siglo de historia grabada en la memoria colectiva de la provincia, la festividad en honor a San Gil vuelve a consolidarse como una de las manifestaciones de religiosidad popular más profundas y convocantes de la región. Conocido popularmente como “el Santo de los pobres” y el protector de los agricultores, su figura trasciende el ámbito puramente litúrgico para convertirse en un verdadero símbolo de identidad, solidaridad y pertenencia comunitaria.

​La devoción, que se transmite de generación en generación desde hace más de cien años en el paraje Sacha Pozo, reúne cada 1 de septiembre a miles de fieles, promesantes y familias que llegan desde distintos puntos del territorio provincial y del país. A pie, a caballo, en caravanas o cumpliendo promesas tras extensas caminatas, los devotos acuden al santuario para rendir tributo, pedir por la prosperidad de las cosechas y agradecer la intercesión de quien consideran un amparo constante en los momentos de mayor dificultad.

​Históricamente ligado a la vida rural y a la cultura del trabajo de la tierra, San Gil encarna el fervor de las comunidades campesinas. En los surcos y en los hogares más humildes, la oración al santo ermitaño representa la esperanza frente a las inclemencias del tiempo y la gratitud por el sustento diario.

​Durante la jornada, el colorido de las banderas, el sonar de los bombos y el andar de las agrupaciones gauchas transforman el paisaje de Sacha Pozo en un escenario vivo de tradición. Entre vivas, oraciones compartidas y gestos de profunda empatía, la fiesta patronal ratifica que la fe popular en Santiago del Estero no solo se mantiene intacta con el paso de las décadas, sino que se renueva como un abrazo colectivo que une historia, cultura y devoción.

Autor: admin