Ocaso de un gigante: SanCor solicitó su propia quiebra tras años de agonía financiera
La histórica cooperativa láctea oficializó el pedido ante la Justicia de Santa Fe con una deuda que escala a los 120 millones de dólares. El incumplimiento salarial de los últimos ocho meses fue el detonante final de la crisis.
SanCor, la firma que durante décadas lideró el mercado lácteo argentino y fue emblema del cooperativismo, ha llegado a su punto de no retorno. Tras fracasar en su intento de saneamiento bajo un concurso preventivo iniciado en 2025, la empresa presentó este miércoles el pedido de su propia quiebra ante el Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial de la Cuarta Nominación de Santa Fe.
Una deuda asfixiante y ramificada
El pasivo de la cooperativa es monumental. Los registros judiciales detallan una deuda acumulada de 120 millones de dólares, un agujero financiero que afecta a más de 1.500 acreedores. Entre los damnificados se encuentran:
- Entidades bancarias: Deudas con bancos nacionales e internacionales.
- Estado: Compromisos impositivos y previsionales de larga data.
- Proveedores: Cientos de PyMEs y productores locales que integran la cadena de suministros y ven hoy comprometida su propia estabilidad.
El factor humano: Ocho meses sin salarios
Si bien la deuda histórica es estructural, el colapso definitivo fue precipitado por la imposibilidad de afrontar los gastos operativos corrientes. La Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera (Atilra) denunció que la empresa adeuda ocho meses de sueldos, además de aguinaldos y aportes de seguridad social.
Esta falta de pago de las obligaciones post-concursales (aquellas generadas después de iniciado el concurso de acreedores) es lo que legalmente tornó inviable la continuidad de la firma. Al no poder garantizar siquiera el sustento de su personal, el proceso preventivo perdió sustento jurídico y práctico.
El futuro de la industria
La caída de SanCor marca un hito doloroso para la industria nacional. Con plantas distribuidas en puntos estratégicos y una marca grabada en la memoria de los consumidores, su quiebra abre ahora un proceso de liquidación de activos. La mirada está puesta en el destino de sus unidades productivas y, sobre todo, en el futuro de los trabajadores que aguardan una respuesta ante la pérdida de su principal fuente de ingresos.
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