Cierra Hamilton & Berlín y se profundiza la crisis comercial en el centro santiagueño
Tras la reciente despedida de la emblemática zapatería Pucci, ahora es el turno de Hamilton & Berlín, que tras 17 años de permanencia ininterrumpida frente a la Plaza Libertad, anunció el cese definitivo de sus actividades en la Galería Plaza Mayor.
La confirmación llegó a través de un emotivo mensaje en sus canales digitales, donde los propietarios agradecieron a la comunidad por casi dos décadas de fidelidad. El local 2 de la tradicional galería se despide con una liquidación final, un cierre que simboliza no solo el fin de una pyme familiar, sino el síntoma de un fenómeno de vaciamiento en el casco histórico.
Un efecto dominó que no da tregua
Lo que ocurre con Hamilton & Berlín no es un hecho fortuito, sino el segundo golpe de magnitud en menos de una semana para el sector. El cierre de Pucci, con más de 20 años de trayectoria, ya había encendido las alarmas. En ambos casos, los denominadores comunes son claros y preocupantes:
- Caída estrepitosa del consumo: La pérdida del poder adquisitivo ha reducido drásticamente la circulación de clientes en los locales de indumentaria y calzado.
- Costos operativos insostenibles: El aumento de alquileres en zonas premium y la presión impositiva vuelven inviable la permanencia de locales con grandes superficies.
- Contexto macroeconómico: Tal como señalaron desde Pucci, el entorno actual obligó a los comerciantes a "aguantar" hasta que la estructura financiera se volvió insalvable.
Incertidumbre en la "zona cero" del comercio
La zona que rodea a la Plaza Libertad, históricamente la más codiciada y de mayor valor inmobiliario de la provincia, hoy exhibe persianas bajas que generan un efecto de desolación. Los comerciantes que aún resisten en las galerías y peatonales se ven obligados a recurrir a liquidaciones agresivas y promociones de 2x1 para cubrir gastos básicos, en un escenario donde la rentabilidad ha quedado en segundo plano frente a la supervivencia diaria.
Este panorama pone en evidencia una crisis estructural que afecta el empleo local y la identidad del centro santiagueño. Mientras los históricos bajan sus persianas, crece la preocupación por el futuro de un sector que ha sido, por décadas, el principal motor de servicios y movimiento de la capital.
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