Tensión en el NOA: El conflicto docente pone en jaque la paz social de Catamarca
Mientras el Gobierno nacional sostiene su hoja de ruta libertaria, sus principales aliados territoriales del peronismo dialoguista enfrentan un frente interno cada vez más hostil. En Catamarca, el reclamo del sector educativo ha escalado hasta convertirse en una demostración de fuerza masiva que cuestiona directamente la administración de Raúl Jalil.
Bajo la consigna de denunciar "sueldos de hambre", miles de docentes ganaron las calles de la capital provincial en una movilización que marca un quiebre en la relación con el Ejecutivo local. El malestar no es aislado: surge en un contexto de altísima inflación y recortes de fondos nacionales que han dejado a las arcas provinciales sin el margen de maniobra que solían tener para contener la protesta social mediante paritarias.
Un aliado en la encrucijada
La figura de Jalil ha sido clave en el Congreso para la gobernabilidad del oficialismo nacional. Sin embargo, este alineamiento estratégico con la Casa Rosada comienza a pasar factura en el territorio. Los gremios docentes acusan al gobernador de aplicar un ajuste que licúa el poder adquisitivo de los trabajadores, mientras el mandatario se debate entre mantener el equilibrio fiscal exigido por el Ejecutivo nacional o responder a una demanda de recomposición salarial que ya es considerada "de supervivencia".
Puntos clave de la protesta:
- Salarios por debajo de la canasta básica: Los representantes sindicales aseguran que gran parte del escalafón docente se encuentra bajo la línea de pobreza.
- Desfinanciamiento educativo: Además de lo salarial, denuncian el deterioro de la infraestructura escolar y la falta de insumos básicos.
- El factor nacional: La quita de subsidios y fondos específicos por parte de Nación ha obligado a la provincia a absorber costos que hoy parecen imposibles de cubrir sin afectar el salario real.
El impacto político
Este estallido en Catamarca es seguido de cerca por otros gobernadores del PJ que mantienen una relación cercana con el Gobierno libertario. La pregunta que recorre los despachos oficiales es cuánto tiempo más podrán sostener el apoyo legislativo en Buenos Aires si el costo en sus provincias es la pérdida total del control de la calle y el descontento de sus bases electorales más sensibles, como lo es la comunidad educativa.
La movilización en Catamarca no es solo un reclamo gremial; es el síntoma de una tensión federal que amenaza con desbordar los acuerdos de cúpula y redefinir las lealtades políticas en un 2026 que no da tregua.
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