La cerveza es la nueva víctima de las políticas de Milei y Caputo
Cierres masivos, por todos lados, en todos los órdenes, todos los días. En ese contexto de una economía que solo crece por el rubro finanzas, la cerveza artesanal se apunta como la nueva víctima del gobierno de Javier Milei. Referentes del sector advierten que, tras un verano muy flojo, el invierno puede convertirse en una bomba nuclear de pymes.
Emanuel Jorge López, presidente interino de la Cámara de Cerveceros Artesanales de Argentina (CCAA) y dueño de la marca Portlander, describe un negocio con consumo en baja, precios planchados y costos que suben por ascensor, desde la malta y la luz hasta los combustibles.
En un mercado donde 1.500 pequeños productores se reparten apenas el 3% mientras dos multinacionales concentran el 97%, muchas cervecerías venden hoy al mismo valor —o incluso más barato— que hace un año, usando menos del 25% de su capacidad instalada y sosteniéndose a costa de no cobrar sueldos, recortar alquileres y poner plata de sus propios bolsillos.
Según López, el boom de 2015-2018 quedó atrás: la combinación de caída del poder adquisitivo, cambio de hábitos de consumo (con menos alcohol a nivel global), leyes de alcohol cero y apertura de importaciones dejó a las pymes atrapadas entre promociones constantes y márgenes “directamente insostenibles”.
Solo en el último año estima que cerró cerca del 10% del entramado cervecero artesanal, en un proceso de reconfiguración que incluye fábricas que bajan la persiana, marcas que migran su producción a terceros y socios que achican estructura. En su propia planta de San Martín, tras invertir más de un millón de dólares para duplicar capacidad de 100.000 a 200.000 litros mensuales, hoy solo producen unos 45.000 litros (incluyendo marca blanca) y no llegan a usar ni una cuarta parte de la infraestructura.
“Nosotros tuvimos el peor enero de nuestra historia”, sintetiza, y describe una “sensación ficticia” de estabilidad de precios: mientras combustibles y tarifas trepan de a dos dígitos, los bares y productores no pueden trasladar subas porque el cliente directamente deja de comprar. A eso se suma la presión de cervezas importadas que llegan a góndola a precios similares al costo que una pyme argentina paga solo por la lata y la etiqueta, lo que vuelve la competencia casi imposible aun para quienes apostaron por reconversión, energías renovables y productos sin alcohol o de nicho. Para López, el mapa que viene será selectivo: las empresas que logren sobrevivir a este invierno tal vez ganen algo de volumen por la reasignación de litros, pero no necesariamente un negocio más saludable, apenas una chance extra de diluir costos fijos en un mercado que, por ahora, no deja de achicarse.
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