Entre Washington y Jerusalén: La gestión de Milei y las "prioridades externas" frente a una Argentina en crisis
Sin embargo, esta alineación extrema ha comenzado a generar un interrogante punzante en la sociedad civil y los sectores productivos: ¿Dónde queda la Argentina en la hoja de ruta del Presidente?
Mientras el mandatario multiplica sus viajes al exterior para recibir distinciones religiosas o participar en foros conservadores, las provincias argentinas, incluida Santiago del Estero, observan con desconcierto una agenda que parece ignorar las fronteras internas. La crítica es feroz: el Presidente acumula millas internacionales mientras las visitas a los gobernadores y a las economías regionales brillan por su ausencia.
La paradoja del "Estado ausente" y el sillón de Rivadavia
El discurso de Milei se sostiene sobre la destrucción del Estado, al que califica como una "organización criminal". No obstante, esta postura genera una contradicción que sus detractores no dejan pasar: ¿Cómo se puede liderar una Nación cuya estructura se desprecia profundamente?
La tensión entre su ideología anarcocapitalista y la responsabilidad de gobernar un país federal ha llevado a muchos a plantear una solución drástica: si el amor por otras potencias supera el compromiso con el suelo propio, la renuncia sería el único camino lógico para permitir que alguien con verdadera vocación nacional tome las riendas.
Inversiones fantasma y persianas bajas: El costo del descuido interno
A pesar de las promesas de una "lluvia de inversiones" impulsada por el alineamiento con el Norte, la realidad en las calles de las provincias muestra una cara diferente:
- Cierre de fábricas: El sector industrial local sufre el impacto de la apertura indiscriminada y la caída del consumo.
- Falta de infraestructura: Mientras se mira a Washington, las obras públicas en el interior permanecen paralizadas.
- Desconexión federal: No hay inversiones reales que se traduzcan en empleo genuino para los santiagueños o habitantes de otras provincias.
"Más tiempo en el aire que en el barro": La sensación de que el país está en manos de un administrador que prefiere las banderas ajenas a la propia se profundiza con cada viaje. La pregunta de la ciudadanía es directa: ¿Se gobierna para los argentinos o para el reconocimiento de los líderes extranjeros?
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