El fracaso de un Estado ausente: Tres años de desidia y promesas rotas
A tres años del inicio de un experimento económico que prometía la eficiencia del mercado como solución universal, el balance arroja una realidad indiscutible: el repliegue del Estado no fue ocupado por la inversión privada, sino por una desidia institucional que ha dejado áreas estratégicas del país en estado de abandono.
La estafa del crédito y la vivienda: Un sueño demolido
La destrucción del Plan Procrear fue vendida como la transición hacia un mercado hipotecario moderno y dinámico. Tres años después, la "revolución del crédito" nunca aterrizó. El sector privado, ante la inestabilidad y la falta de garantías, le dio la espalda a la clase media.
- La realidad: Sin el Estado como motor, el acceso a la vivienda ha desaparecido para el trabajador promedio, dejando a miles de familias atrapadas en un sistema de alquileres desregulado donde los precios de renovación escalan al doble de la inflación.
Infraestructura "detonada": Rutas que son trampas mortales
Bajo la premisa de que "el privado construye mejor", se paralizó la obra pública en todo el territorio nacional. Al iniciar el tercer año de gestión, el contador de kilómetros nuevos construidos marca cero.
- Consecuencias: La red vial existente se encuentra virtualmente detonada por la falta de mantenimiento básico. Lo que antes era inversión estratégica hoy es un pasivo ambiental y logístico que encarece el transporte y pone en riesgo vidas humanas.
El engaño de la desregulación: Cartelización y tarifas impagables
La bandera de la "libertad de contratos" resultó ser un cheque en blanco para los sectores concentrados. La desregulación, lejos de fomentar la competencia, facilitó la transferencia de ingresos más agresiva de las últimas décadas:
- Salud: Las prepagas, liberadas de controles, se cartelizaron en cuestión de semanas, imponiendo cuotas que hoy resultan un lujo inalcanzable para los jubilados y empleados formales.
- Energía: El sistema eléctrico, con tarifas dolarizadas que golpean el bolsillo cada mes, sigue en estado de emergencia. Las inversiones prometidas para terminar con los cortes de luz no aparecen, y las empresas continúan reclamando deudas mientras el servicio languidece.
- Empleo: La supuesta transición hacia sectores competitivos es un espejismo. Los obreros industriales desplazados no se convirtieron en programadores; se convirtieron en cuentapropistas precarios que hoy sobreviven detrás del volante de una plataforma de transporte.
Un Estado ausente, un mercado voraz
El experimento deja una lección costosa: la ausencia del Estado no generó libertad, sino desprotección. Donde debía haber puentes, hay baches; donde debía haber créditos, hay deudas; y donde debía haber competencia, hay monopolios. La desidia gubernamental ha transformado la promesa de progreso en una lucha diaria por la supervivencia.
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