El latido del monte: Soledad Pastorutti y un encuentro inolvidable en el Patio del Indio Froilán
Tras su exitoso paso por el Festival de la Tradición en Añatuya, "La Sole" se fundió en un abrazo con las raíces santiagueñas en el emblemático predio de la Capital.
El domingo santiagueño no fue uno más bajo la sombra de los algarrobos. En el corazón del Patio del Indio Froilán, allí donde el repique de los parches marca el pulso de la identidad, una visita inesperada transformó la tarde en un hecho histórico: Soledad Pastorutti llegó para celebrar sus 30 años de trayectoria en el lugar donde nace el sonido del monte.
La cantante venía de una noche consagratoria en la 55ª edición del Festival de la Tradición en Añatuya, donde fue ovacionada por miles. Sin embargo, lejos de los grandes escenarios y las luces de colores, buscó la sencillez del encuentro genuino. Acompañada por el maestro luthier Froilán González y la gestora cultural Tere Castronuovo, la artista de Arequito recorrió el predio, compartiendo anécdotas y revalidando su título de "Gringa" del pueblo.
Un duelo de cueros y legüeros
El momento más vibrante de la jornada ocurrió cuando Soledad, sin protocolos, tomó un bombo legüero. Junto al Indio Froilán, entablaron una conversación rítmica que silenció por un momento el murmullo del patio para dar paso a un latido compartido. Fue un gesto simbólico: la máxima referente del folclore nacional rindiendo tributo al artesano que, con sus manos, moldea el alma de la música santiagueña.
"Nos visitó Soledad por sus 30 años en la música. Fue una hermosa sorpresa para todos los que estábamos aquí" destacaron desde la organización del Patio, aún conmovidos por la calidez de la artista.
Cercanía y tradición
Fiel a su esencia, la cantante no escatimó en tiempo para sus seguidores. Entre saludos, mates y fotografías con vecinos y turistas que no daban crédito a sus ojos, "La Sole" demostró por qué sigue siendo una de las figuras más queridas del país. Su presencia dejó una postal imborrable: la de una artista que, a pesar de haber conquistado los escenarios más grandes del mundo, siempre vuelve al patio, al barro y a la raíz para recargar el alma.
La tarde cerró con la certeza de que, en Santiago, la música no solo se escucha, sino que se vive. Y hoy, el Patio del Indio Froilán latió un poco más fuerte gracias a la visita de su hija adoptiva más famosa.
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