Añatuya: Entre el ruido de los "opinólogos" y la realidad del trabajo a destajo
En tiempos de emergencia climática, donde la naturaleza pone a prueba la infraestructura de las ciudades, suelen emerger dos tipos de ciudadanos: los que se calzan las botas para ayudar al vecino y los que, desde la comodidad de un teclado, intentan ensuciar gestiones con la autoridad moral que les da su propio fracaso.
Resulta curioso —y por momentos genera indignación— observar cómo los "sicarios de la información" recurren siempre a los mismos nombres de siempre. Personajes que jamás ganaron una elección, que no conocen lo que es gestionar un presupuesto y cuya única "obra" conocida es el discurso de la calumnia. Se disfrazan de guardianes de la virtud, pero su diploma es de la universidad de la incoherencia.
El valor del trabajador vs. el oportunismo político
Mientras estos grupos intentan instalar relatos negativos apoyados en granjas de bots y resentimiento electoral, la realidad se ve en las calles. Ahí están los empleados municipales de la ciudad de Añatuya, y las cuadrillas barriales, trabajando a destajo bajo la lluvia para garantizar que el agua escurra y el vecino sufra lo menos posible.
Esos trabajadores son el verdadero motor de la ciudad, mientras la oposición se aplaude a sí misma en un círculo cerrado de derrotas acumuladas. Critican al Intendente Castro señalando con un dedo que nunca movieron por su propio barrio, mucho menos por su ciudad.
El contexto: Obra Pública y Realidad Nacional
Hay una verdad que los "opinólogos" omiten deliberadamente: la Obra Pública en Argentina está paralizada por decisión del Gobierno Nacional de Javier Milei.
Santiago del Estero necesita obras de gran envergadura, como nuevos sistemas de desagüe pluvial que requieren financiamiento que hoy el Gobierno Nacional retacea. Aun así, con recursos propios y una administración austera, la ciudad avanza. Criticar desde la derrota es sencillo; gestionar en la escasez y poner la cara frente al vecino es una tarea que solo los que tienen el respaldo de los votos y la confianza de la gente pueden sostener.
“La Ciudad avanza y ellos siguen atrapados en su propia retórica de resentimiento. Mientras ellos gritan desde la tribuna del olvido, nosotros seguimos en la calle junto al vecino.”
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