El fervor de Sumamao: Santiago del Estero celebra a San Esteban, el primer mártir y protector de los niños
Este 26 de diciembre, como ocurre desde hace generaciones, el silencio del monte santiagueño se rompe para dar paso a una de las manifestaciones de fe más impactantes del Norte Argentino: la Fiesta de San Esteban. En la localidad de Sumamao (departamento Silípica), miles de peregrinos se congregan para cumplir sus promesas, en una celebración donde lo sagrado y lo popular se funden en una sola identidad.
El camino de la fe: De Maco a Sumamao
La historia comenzó el pasado 20 de diciembre, cuando la imagen del Santo partió desde su rústica capilla en Maco, propiedad de la histórica familia de Francisco Juárez. Tras recorrer los 40 kilómetros que separan ambas localidades, la procesión —escoltada por jinetes, bombos y una marea de promesantes— llegó a las orillas del río, donde la devoción se vuelve palpitar constante.
Alrededor del mediodía la celebración alcanza su punto máximo con un despliegue de ritos que solo se ven en nuestra tierra:
- Los "Vivas" y los Alféreces: Entre estruendos de bombas y gritos de júbilo, los alféreces encabezan los saludos al Santo, marcando el ritmo de la jornada.
- Las Carreras de los Indios: Una demostración de destreza y fervor que levanta nubes de polvareda, simbolizando la protección y la fuerza del mártir.
- El Rito de las "Ichas" (Los Arcos): Quizás el momento más esperado. Bajo los arcos de ramajes cargados de roscas y golosinas, los fieles esperan la señal del Síndico. Al grito de mando, la multitud se abalanza en un desorden sagrado para disputarse las ofrendas, un gesto de agradecimiento de aquellos padres que han puesto a sus hijos bajo la protección de San Esteban.
Una fe que se hereda
La Fiesta de San Esteban no es solo un evento religioso; es un acto de resistencia cultural. Aquí se encuentran los santiagueños de pura cepa con aquellos que, viviendo en otras provincias, regresan cada diciembre para "pagar el viaje" y renovar su vínculo con sus raíces.
En medio del calor agobiante y la tierra que vuela, el sentimiento es uno solo: agradecer. Porque en Sumamao, nadie es extraño; todos son hermanos unidos por el mismo poncho y la misma esperanza.
Ver la polvareda levantarse en Silípica es ver viva la historia de Santiago del Estero. Que San Esteban bendiga a cada peregrino y que su protección llegue a cada hogar de nuestra provincia.
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